11 marzo, 2014

Día Internacional de la mujer ¿De izquierdas?



Artículo de opinión de Cuca Santos

Desde el surgimiento de la división de la ideología política en izquierdas y derechas (consecuencia de los cambios sociales producidos por la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII y principios del XIX) los partidos políticos de la izquierda española han tratado de inculcar a la humanidad la idea de su superioridad moral y la premisa de que su visión de la sociedad es la única válida y correcta.

Desde la altura que les confiere el pedestal de su convencimiento, miran a todo aquel que no comparte su visión del mundo con desprecio y animadversión. Lejos de aceptar al contrario y respetarlo, han optado por negarle el estatus de adversario político y convertirle en un enemigo al que es necesario aislar y erradicar, aunque haya sido elegido por los ciudadanos a través de las urnas. Pues creen firmemente que ellos son los únicos legitimados para gobernar.

Para implantar su cosmovisión en la sociedad es necesario criminalizar, despreciar y estigmatizar toda aquella opinión que contradiga sus tesis. Su estrategia es burda pero a menudo efectiva, pues consiguen que el discrepante se sienta fuera de lugar y señalado socialmente.

Es común que en sus discursos se arroguen como únicos representantes de las colectividades, y así hablan por boca de todos los ciudadanos, los trabajadores, los diferentes colectivos laborales (docentes, sanitarios…) las mujeres… Metiendo a cada individuo en un mismo saco que ellos manejan a su antojo.

Pero de ese saco no quiere formar parte la mitad de la sociedad, ni se siente representada por sus ideales políticos, éticos y morales. Y de ese saco quieren salir muchas mujeres que se niegan a que les roben el Día Internacional de la Mujer y lo conviertan en Su Día Internacional de la Mujer Progresista.

Puedo asegurar con conocimiento de causa que parte del Manifiesto del que se hará lectura el 8 de marzo con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer no representa a cientos de miles de mujeres.

Son muchas las mujeres que se saben dueñas de su cuerpo, pero no así del del hijo que gesta. Que no creen que el aborto sea un derecho o un método anticonceptivo más, sino una terrible desgracia y un drama emocional. Muchas que salieron a la calle multitudinariamente para protestar contra la Ley Aído y que son tan mujeres como las que irrumpen hoy en las iglesias para protestar por el proyecto de ley Gallardón.

Son igualmente numerosas las que ven al hombre como su compañero de viaje y no como una piedra en el camino. Y las que quieren que se les valore por ellas mismas y conseguir con su esfuerzo y valía un puesto de trabajo, no por un cupo de obligado cumplimiento.

Son muchos los puntos comunes que unen a todas las mujeres en nuestra lucha diaria: la batalla contra la violencia de genero que se lleva tantas vidas año tras año, la reivindicación de políticas que faciliten la conciliación de la vida laboral y familiar y de apoyo a las madres trabajadoras, la implantación de ayudas de impulso a las mujeres emprendedoras, las campañas de planificación familiar que eviten embarazos no deseados, el rechazo a sociedades que niegan derechos a las mujeres y a prácticas tan deleznables como las ejecuciones por adulterio, la prohibición a las niñas de asistir a una escuela o la ablación femenina.

Pero la izquierda, como siempre, no ha podido evitar politizar y utilizar el día que debería de ser de todas para hacer campaña y llevar su programa electoral al Manifiesto del Día Internacional de la Mujer, excluyendo así a todas las mujeres que no comparten sus tesis.

En el Manifiesto llevan incluso el rechazo a la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local de una forma forzada y torticera,  que raya en lo ridículo, queriendo hacer creer a las mujeres que esta Ley recorta sus derechos, cuando es al contrario, pues hará que los recursos para llevar a cabo políticas de apoyo a la mujer sean gestionados por una sola administración y no que el presupuesto se diluya en infraestructuras locales, comarcales o provinciales costosas y poco efectivas en muchos casos.

Su estrategia es evidente. De esta forma consiguen que el Partido Popular no se sienta a gusto con el escrito y quede como el único partido no firmante para vender a su público la mentira de que ‘la derecha’ está en contra de las mujeres.

Esa derecha que ha tenido en sus filas a las primeras Presidentas de Autonomías, del Parlamento y del Senado, que el 48 por ciento de las candidaturas que presentó en las últimas elecciones municipales las encabezaban mujeres y el partido que cuenta en el Congreso con mayor número de diputadas que el resto de formaciones juntas.

No, señores de la izquierda, su manifiesto no nos representa, no nos den lecciones de cómo ser mujer ni nos roben nuestro día.

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